Ucrania parece dar hoy otro paso hacia el precipicio de la división de ese país, con la aprobación de la llamada Ley del Idioma, dirigida a establecer el ucraniano como única lengua oficial.

Con el apoyo de 278 diputados y la oposición de poco menos de 40, la Rada Suprema (parlamento unicameral) pareció escribir otra página negra en el proceso de conversión de Ucrania en una país xenófobo y neofascista, comentaron medios de prensa locales.

Tras el golpe de Estado en Kiev, en febrero de 2014, perpetrado con apoyo de paramilitares neofascistas, Ucrania inició un retroceso en todo lo relacionado con derechos civiles y unidad nacional, sobre todo, en la medida que refuerza su rusofobia.

En ese proceso se enmarca el propio inicio del conflicto en la región rebelde del Donbass, en abril de 2014. La población de las regiones de Donetsk y Lugansk, de mayoría rusoparlante, exigió dejar al ruso como segundo idioma oficial.

La demanda surgió porque los ultranacionalistas llegados al poder amenazaron con imponer una prohibición del uso del ruso en todo el país, para dejar así a más del 40 por ciento de sus casi 40 millones de habitantes sin derecho a emplear el ruso.

El rechazo de Donetsk y Lugansk a las amenazas de los neofascistas llevó a esas regiones a sublevarse contra el gobierno golpista que en abril de 2014 lanzó una operación de castigo que, sin embargo, codificó de antiterrorista.

Luego que el pasado domingo resultó electo en una segunda vuelta presidencial ell rusoparlante Vladimir Zelinsky, con 73,3 por ciento de los votos, un grupo de diputados decide hacer caso omiso a la expresión en las urnas de la mayoría de la población.

Expertos recuerdan que Zelensky, un showman que impactó al electorado con su serial satírico Sluga Naroda (El servidor del pueblo), en un debate público con el mandatario saliente Piotro Poroshenko habló, demostrativamente, en ruso y en ucraniano.

Sin embargo, en lo que parece ser una nueva etapa de confrontación política en Ucrania, la Rada de forma apresurada encontró un consenso imposible de lograr casi en cinco años para aprobar una de las leyes más polémicas de esta nación.

Analistas señalan que al aprobar la Ley de la lengua, Kiev pisoteó varias de las convenciones de derechos civiles de la Unión Europa, a donde tanto desea ingresar, relacionadas con la protección de los derechos de las minorías.

En el caso de Ucrania, casi sería mejor decir un ataque al derecho de las mayorías, pues incluso en Kiev, casi la mitad de la población habla en ruso.

La ley, a tenor con la posición asumida por Zelensky de hablar abiertamente en ruso, parece estar dirigida, sobre todo, contra el nuevo jefe de Estado, cuyo poder se busca limitar por parte de varios círculos políticos en ese país.

En el texto de la legislación se habla de crear una Comisión Nacional de Normas, con nueve integrantes, y un Comisionado para la Protección del Idioma Estatal que debe someter a pruebas de conocimiento del idioma, desde el Presidente hasta un médico.

La imposición del ucraniano como único idioma oficial también podría afectar a algunos candidatos para integrar el futuro gabinete.

Pero la ley parece responder a una gran hipocresía, pues el ucraniano es visto como la lengua de los funcionarios, en especial, los revanchistas, pues la gran mayoría de la población gusta de pasar libremente del ruso para el ucraniano y viceversa.

El 73,3 por ciento de los electores que recientemente acudió a las urnas apoyó a Zelensky para rechazar la rusofobia de Poroshenko, su respaldo al neofascismo, el diferendo con Rusia y a la guerra en el Donbass.

La ley prevé, incluso, multas de acuerdo a la escala de conocimiento del ucraniano, luego de comprobaciones hechas por la referida comisión y el Comisionado para la Protección del Idioma Estatal.

El propio Poroshenko, la exprimera ministra Yulia Timoshenko, muchos de los ministros actuales y políticos de alto rango son rusoparlantes que en estos años, sin mucho éxito, intentaron dominar el ucraniano para estar acorde con el nacionalismo actual.

Como mismo ocurrió con la imposición de una nueva Iglesia ortodoxa, sin subordinación a la canónica Iglesia Ortodoxa Ucraniana, que llevó a trifulcas y ocupaciones de parroquias, la nueva ley parece profundizar aún más la división en Ucrania.

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