Fueron tremendamente ingenuos ante la llamada a la deserción de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) por parte del autoproclamado Juan Guaidó que, además de traicionar a la Patria para ponerla en manos del imperialismo yanqui, traicionó a todos los militares que hicieron caso a su llamada.

Los desertores lo han podido comprobar, ya que, tras abandonar Venezuela, el agente del Gobierno estadounidense les dejó tirados, cual colilla de cigarro: pisoteados y apagados.

Dicen los engañados militares: «Creímos que nos iban a entrenar y capacitar para entrar a Venezuela junto a una coalición de países y acabar con el régimen».

Ahora creen, además, que volver a Venezuela es impensable, porque les aguardan 30 años de cárcel por «traición a la Patria y terrorismo».

Ellos se creyeron las mentiras de Guaidó, y pensaron, cuando desertaron a partir del 23 de febrero, que ayudarían a derrocar a Nicolás Maduro en plena crisis de la fallida entrega de ayuda humanitaria. Pero es tal el desencanto tras las eternas semanas de brazos cruzados, que alguno no descarta presentarse ante las autoridades bolivarianas como arrepentido y gritar al mundo que el presidente Guaidó le dejó tirado.

Los desertores que permanecen en Colombia son cerca de setecientos, entre militares y Guardias Nacionales, y trescientos familiares que les acompañan.

Uno de ellos opina que «La verdad es que no tenían un programa para nosotros, nos dejaron tirados como a perros». Asegura que Guaidó les ha abandonado por completo y que «Es ACNUR y el gobierno colombiano los que más nos han ayudado».

Deberían haber sabido, antes de dar un paso al frente para ponerse al servicio de un traidor a la Patria y lamebotas del imperio (Juan Guaidó), que Roma no paga a los traidores. Sin duda, se hubieran ahorrado las penurias que ahora tienen que soportar muy merecidamente por su torpeza.

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