La oposición boliviana insiste hoy en su arremetida contra la repostulación del presidente Evo Morales a las elecciones generales de octubre, pero sin presentar en cambio una propuesta concreta de gobierno a los electores.

‘Un plan de gobierno no se construye en lo que queda (para la presentación de propuestas) que es un mes y medio, el plan de gobierno es más profundo’, manifestó recientemente la presidenta de la Cámara de Senadores, Adriana Salvatierra, en el programa Polémica, de Bolivia TV.

La diputada lamentó las acciones de dirigentes y políticos de la oposición que buscan apoyo internacional, sobre todo de Estados Unidos, y de gobiernos neoliberales de la región, para frenar la candidatura del presidente Morales.

‘Han hecho de la consigna y del odio una posición política’, expresó Salvatierra, mientras destacó que hasta la fecha nadie conoce una sola propuesta de esos candidatos opositores para el desarrollo del país.

Por el contrario, como denunció el presidente de la Cámara de Diputados de Bolivia, Víctor Borda, incurren en una reiterada violación de la dignidad y soberanía nacional, al recurrir a organismos internacionales y a otros Estados con el único interés de retornar al poder.

‘Eso es menospreciar nuestra capacidad, nuestra dignidad como bolivianos’, señaló Borda ante la prensa.

Por su parte, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, aseguró que esa derecha proviene de la oligarquía del siglo XIX, mutada al siglo XX, una oligarquía antinacional con una expresión de clase que ha despreciado históricamente al pueblo de esta nación sudamericana.

En su opinión, esa derecha se siente cerca de París, Londres, Washington o Miami, y no de territorios bolivianos como El Alto, Patacamaya, Puerto Suárez, Porvenir o Bolpebra.

Desde junio del año pasado, el vicepresidente Álvaro García Linera señaló que grupos de oposición habían comenzado una carrera electoral anticipada y los seguidores de algunos partidos políticos eran quienes salían a las calles a gritar por la no repostulación de Evo Morales.

Según expresó García Linera, el plan de la derecha es el NO: ‘no al país, no a la democracia, no a los pobres, no a los humildes, no a la industrialización, no a la justicia social’.

Recurren a métodos como el desprestigio y la sumisión a potencias extranjeras. Por ejemplo, el pasado mes, varios legisladores de la oposición enviaron una carta al presidente estadounidense, Donald Trump, para evitar la candidatura del líder boliviano.

Esa carta fue considerada por autoridades, especialistas y parte de la población como el programa de Gobierno de la derecha para 2020-2025, que implica un desmantelamiento del Estado Plurinacional, ocupación norteamericana contra el pueblo boliviano y una intervención explícita.

El Tribunal Supremo Electoral habilitó la candidatura de Evo Morales para las elecciones de octubre próximo sustentado en un fallo constitucional que en 2017 declaró legítima la repostulación de autoridades nacionales y subnacionales en sujeción a tratados internacionales en materia de derechos humanos y reconocidos por la Constitución Política del Estado.

Este órgano constitucional reconoció el derecho a la reelección en virtud del artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículo al que otros presidentes latinoamericanos apelaron también para buscar un nuevo mandato.

Además, la presencia de un millón de personas en el inicio de campaña del Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y una reciente encuesta sobre las candidaturas a las elecciones ratifican al binomio del actual jefe de Estado y del vicepresidente Álvaro García Linera como favoritos.

Los 13 años de gestión del Gobierno de Evo Morales constituyen su mayor fortaleza de cara a los comicios, pues muestra logros como el mejoramiento de la calidad de vida de los bolivianos, la estabilidad política y social del país, y éxitos económicos reconocidos por organismos internacionales.

El 20 de octubre se decidirá en las urnas el destino de Bolivia. Los nacionales, y solamente ellos, deberán apostar por la continuidad de la Revolución Democrática y Cultural, encabezada por el presidente Evo Morales, o regresar a un pasado de corrupción y pobreza.

Como afirmó García Linera en una ocasión, el pueblo tiene dos opciones: la Bolivia del No o una Bolivia de crecimiento, justicia, equidad e inclusión.

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