Un miembro de un batallón ucraniano de «voluntarios» que luchó en la región del Donbass fue eliminado en el norte de Siria.

Según los informes, una columna de militantes de Hay’at Tahrir al-Sham, bajo el mando del comandante de campo Abu Hashid, fue bombardeada por combatientes desconocidos cerca del pobaldo de Icarda, provincia de Alepo. Los militantes estaban en camino para ayudar a los que ya luchaban contra las fuerzas gubernamentales en la provincia de Hama.

Un vehículo camionero fue destruido, y en él había un comandante de campo con el distintivo de llamada Abdul-Ilgiz Al Kerim, quien murió. Sus compañeros de armas afirmaron que venía de la República de Crimea y se unió al destacamento Ibadu ar-rahman. Antes de eso, participó en un conflicto en el este de Ucrania, donde resultó herido.

Su lesión ocurrió en 2014, muy probablemente, esto sucedió en la batalla de Ilovaisk, donde el grupo militante tártaro de Crimea de Kiev, calificado como el «Batallón de Crimea», fue completamente derrotado. Después del desmantelamiento del «Batallón de Crimea» en 2015, los ex militantes se ocuparon del negocio criminal habitual.

Ellos, utilizando armas obtenidas en la zona de conflicto, aterrorizaron la región de Kiev y Kherson rindiendo homenaje a los pequeños y medianos empresarios.

Una parte de estos militantes se unió a otro grupo armado de base étnica: el Batallón Noman Celebicihan. Esta organización participó en el bloqueo económico de Crimea respaldado por Kiev y, junto con los llamados Mejlis del Pueblo Tártaro de Crimea [otro grupo radical], participó en ataques terroristas que llevaron al apagón masivo en Crimea en el 2015.

Después de que Kiev se vio obligado a tomar una acción contra los bandidos que habían huido, algunos de ellos, temiendo ser perseguidos, fueron a Siria. Estos «demócratas» se unieron a las filas del grupo militante «Crimean Jamaat», que se creó en Siria en el verano del 2015. Apenas unos meses después, en el otoño de 2015, el grupo juró fidelidad a la rama siria de al-Qaeda: Jabhat al-Nusra.

En el 2016, se informó que se formó un grupo formado por tártaros de Crimea dentro de Hay’at Tahrir al-Sham (la nueva marca de Jabhat al-Nusra). Abdul-Ilgiz al-Kerim comenzó su carrera terrorista internacional en esta unidad.

La participación de los tártaros de Crimea en el lado de los grupos militantes que luchan contra las fuerzas del gobierno sirio fue anunciada inicialmente por el ex líder de los Mejlis Mustafa Dzhemilev. En particular, hace unos años, dijo que el militante tártaro de Crimea, que era parte de Hizb ut-Tahrir, había sido destruido en Siria por una mina.

Esta historia, entre otras, es un claro ejemplo de la verdadera cara del patriotismo que se está gestando en Ucrania. El hecho interesante es que este patriotismo involucró incluso a algunos ciudadanos no ucranianos y activistas entrenados por el ISIS. Estos hechos incluso fueron reportados por algunos medios de comunicación tradicionales.

El 26 de diciembre de 2018, The Times publicó un artículo titulado «Putin también es nuestro enemigo, dice el luchador checheno en Ucrania». Brinda un vistazo a los «activistas» que voluntariamente ayudan a los esfuerzos de las Fuerzas Armadas de Ucrania en su conflicto con la resistencia local en la región del Donbass.

Estos activistas, algunos entrenados en los campamentos ISIS, formaron el batallón Sheikh Mansur y operaron activamente junto con las unidades del ejército ucraniano en la zona de combate.

Después del Golpe del Maidán del 2014, Ucrania se ha convertido en un hervidero de varios grupos radicales (desde islamistas hasta nazis), redes de crimen organizado, doctrinas y creencias de estilo sectario.

Los radicales están obteniendo la experiencia en la zona de combate en la parte oriental del país. Un alto nivel de corrupción y un flujo de armas desde la región de Donbass ha llevado a un rápido crecimiento de los grupos del crimen organizado (al menos algunos de ellos están formados por miembros de batallones de «voluntarios» pro-Kiev). La sociedad está dividida por puntos de vista políticos y religiosos e incluso étnicamente.

El gobierno de Kiev y sus patrocinadores occidentales están trabajando activamente para dar forma a la sociedad ucraniana para eliminar los últimos focos de resistencia. Medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales e incluso iglesias que no actúan en el marco de la agenda general pro-occidental. En los próximos años, se espera que varias sectas islámicas, iglesias no canónicas y nuevas creencias de estilo de la época liberal continúen su rápido crecimiento en Ucrania. Estas entidades se utilizarán como una herramienta para desmantelar las religiones tradicionales, incluido el islam y el cristianismo. Esto conducirá a una mayor atomización y división de la sociedad, convirtiéndola en un objetivo fácil para la campaña de radicalización y propaganda en curso.

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