Washington ha presionado durante mucho tiempo a Ankara para que se retire del acuerdo de 2.500 millones de dólares para comprar sistemas de misiles antiaéreos rusos, pero Turquía se ha negado a ceder ante las amenazas de sanciones de Estados Unidos y cancelar el programa F-35.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha reafirmado su compromiso con el acuerdo S-400 con Rusia, prometiendo tomar represalias si Estados Unidos se opone.

Hablando en una conferencia de prensa el jueves, Erdogan dijo que no veía ninguna posibilidad de que Estados Unidos imponga sanciones a Turquía bajo la Ley de Contrarrestación de los adversarios de Estados Unidos a través de sanciones.

Al describir la compra de los tan aclamados S-400 como un «acuerdo hecho», instó a Washington a «pensar con mucho cuidado» si aún así decidía seguir adelante con las sanciones, prometiendo responder de la misma manera.

También amenazó con que Turquía apelaría a los tribunales internacionales para que le reembolsen sus inversiones en el programa F-35 si Estados Unidos «hace algo mal».

Según un contrato de 2017, con un valor de 2.500 millones de dólares en rublos rusos, Moscú suministrará a Ankara cuatro bateadores de los sistemas S-400 de vanguardia, ampliamente considerados como uno de los mejores sistemas de defensa aérea del mundo.

El presidente Erdogan anunció esta semana que las entregas comenzarán tan pronto como la primera mitad de julio.

Pero Estados Unidos, el aliado de Turquía en la OTAN, se ha opuesto a la medida diciendo que los S-400 comprometen a su caza de quinta generación, el F-35, que Turquía también está buscando adquirir.

A Washington le preocupa que los sistemas rusos se puedan usar para recopilar datos útiles sobre los F-35, como su avanzada capacidad de sigilo, y amenaza con eliminar a Turquía del programa.

Ankara ha argumentado que comprar los S-400 está destinado únicamente a satisfacer sus necesidades de defensa y no representa una amenaza para los aviones de combate.

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