China debe aprovechar las oportunidades que ofrece la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI) y brindar más apoyo político y financiero a su sector nuclear.

«La energía nuclear ya se ha convertido en una estrategia estatal, y las exportaciones nucleares ayudarán a optimizar nuestro comercio de exportación y liberar capacidad de producción nacional de alta calidad», dijo el experto Wang Shoujun durante una conferencia sobre el tema.

Wang sugiere que para aprovechar al máximo las «ventajas integrales» de China en costos y tecnología, Beijing debe mejorar la investigación y el desarrollo, ubicar la producción de componentes nucleares esenciales y aumentar los mercados nucleares nacionales y extranjeros.

Beneficio de hasta 1 billón de yuanes

Wang dijo que el país podría acumular hasta 30 reactores nucleares en el extranjero en la próxima década a través de su participación en BRI, que podría generar para las compañías chinas hasta 1 billón de yuanes ($ 145 mil millones) para el 2030.

Señala que 41 naciones de la Nueva Ruta de la Seda ya tienen programas de energía nuclear o planean desarrollarlos, y señaló que Beijing solo necesita asegurar una participación del 20 por ciento en el mercado para crear cinco millones de nuevos empleos en la industria.

El megaproyecto BRI chino fue anunciado en el 2013 por el presidente de China, Xi Jinping, y actualmente cubre 152 países de todo el mundo. Se espera que BRI aumente significativamente el comercio global y reduzca a la mitad los costos comerciales para los estados involucrados.

Xi dijo en abril que se firmaron $ 64 mil millones en acuerdos en la cumbre de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda y que más naciones se unirán al programa de infraestructura global.

Xi y 37 líderes mundiales cerraron la cumbre del proyecto, también conocida como Nueva ruta de la seda, en Beijing.

«Estamos comprometidos a apoyar el desarrollo abierto, limpio y verde y rechazar el proteccionismo», dijo Xi a los periodistas.

El proyecto es su buque insignia en política exterior y apunta a reinventar la antigua Ruta de la Seda para conectar Asia con Europa y África a través de inversiones masivas en proyectos marítimos, de carreteras y ferrocarriles, con cientos de miles de millones de dólares en fondos de los bancos chinos.

Pero los críticos dicen que el plan de seis años es un plan para impulsar la influencia global de Beijing, lleno de acuerdos opacos que favorecen a las compañías chinas y que cargan a las naciones con deuda y daños ambientales.

Los Estados Unidos, la India y algunas naciones europeas ven la iniciativa con sospecha.

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