Los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia se reunieron hoy con el objetivo de salvar el Tratado de Eliminación de Misiles de Corto y Medio Alcance (INF, según sus siglas en inglés).

El pasado 2 de febrero Estados Unidos suspendió sus obligaciones derivadas del INF, suscrito en 1987 con la entonces Unión Soviética para prohibir los misiles balísticos y de crucero con alcance de entre 500 y cinco mil 500 kilómetros.

En respuesta, Rusia anuló su compromiso con el Tratado INF, dejando claro al mismo tiempo que no desea implicarse en la carrera armamentista, mantendrá sus propuestas de desarme y esperará a que Washington esté dispuesto a entablar conversaciones al respecto.

El presidente ruso, Vladímir Putin, argumentó que la Casa Blanca lleva mucho tiempo violando las cláusulas del tratado con las pruebas de misiles de medio alcance y el despliegue en Rumanía y Polonia de sistemas de lanzamiento de misiles crucero.

Este miércoles, Putin firmó el decreto para la suspensión del Tratado ‘hasta que Estados Unidos elimine las violaciones de sus obligaciones en virtud del pacto o hasta que termine su validez’, informó el Kremlin.

En rueda de prensa al salir de la reunión de hoy en Bruselas, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que no vio intenciones en Rusia de ‘volver a cumplir con el tratado INF’.

Este jueves, el director del departamento de no proliferación de la Cancillería rusa, Vladímir Yermakov, de visita en Washington, dijo a Sputnik que su país sigue dispuesto a tratar con Estados Unidos el problema del tratado INF partiendo de medidas de transparencia mutua.

Llamó la atención además sobre la necesidad de analizar las vías para estabilizar la situación en este tema y garantizar los pasos a seguir en dicha área después del próximo 2 de agosto.

La Casa Blanca proclamó que ese día se retirará definitivamente del acuerdo si Rusia no destruye antes su sistema de misiles crucero CCS-8 que, según Estados Unidos y la OTAN, viola el Tratado.

Según expertos, los CCS-8 pueden cargar una cabeza nuclear, son móviles, difíciles de detectar y pueden alcanzar toda Europa en cuestión de minutos.

Las conversaciones ruso-estadounidenses para extender el Tratado se han atascado debido a los recelos recíprocos sobre el desarrollo de nuevas armas.

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