La decisión del Reino Unido de desplegar más recursos navales en el Golfo Pérsico ha causado preocupación y ansiedad en la comunidad internacional por temor a que la presencia militar británica aumentada en la región inflamará dramáticamente las tensiones.

El Ministerio de Defensa del Reino Unido anunció recientemente que enviará dos buques de guerra adicionales al Golfo Pérsico, a saber, HMS Duncan (un destructor Tipo 45) y HMS Kent (una fragata Tipo 23).

Los nuevos buques de guerra se unen a HMS Montrose (una fragata Tipo 23) que ha estado operativa en la región desde fines del año pasado.

Este movimiento ya ha planteado serias dudas en los círculos militares británicos, ya que durante años los comandantes navales superiores han advertido sobre el alcance de la marina real.

En una carta a The Telegraph de agosto de 2018, el almirante Alan West, que fue jefe de personal naval desde 2002 hasta 2006, admitió que la marina real carece de los recursos para defender adecuadamente las aguas territoriales del Reino Unido después del Brexit.

La reciente demostración de fuerza británica en el Golfo Pérsico es consistente con la política británica de superar el peso del país en el escenario mundial.

En esta ocasión, parecería que esta demostración de fuerza es una estratagema para presionar a Irán, a pesar de que, por todas las cuentas verosímiles, los iraníes no están tan impresionados por el golpe de pecho británico.

Desde hace años, los comandantes militares británicos y sus aliados en el establecimiento político, han lamentado los recortes presupuestarios dirigidos a la marina real.

En noviembre de 2017, el almirante Sir George Zambellas, ex jefe del personal naval, le dijo al comité de defensa de la Cámara de los Comunes que los recortes a los Royal Marines eran «locura».

Estas intervenciones, en los niveles militares más altos, son consistentes con los informes de que el número de buques de la Armada Real operativa se ha reducido a la mitad en los últimos 25 años.

El efecto de esta disminución de la capacidad se vio claramente afectado el 9 de julio, cuando el portaaviones HMS Queen Elizabeth de 3.100 millones de libras se vio obligado a regresar a puerto debido a una fuga, que provocó inundaciones «a la altura del cuello».

Como lo han señalado repetidamente los comandantes militares británicos, primero y actual, su fuerza naval apenas puede defender las aguas territoriales del Reino Unido, y mucho menos proyectar el poder en los rincones más remotos del mundo.

Los políticos gobernantes en Londres todavía sueñan con los días de gloria del imperio aferrándose a la ilusión de que su llamada marina imperial puede desempeñar un papel estratégico en aguas sensibles como el Golfo Pérsico.

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