La oposición venezolana persiste en formulas «nuevas» de derrocar al gobierno bolivariano, pero tratando de camuflar sucias practicas, anteriores a 1998 con las nuevas, impulsadas «sabiamente» por el autoproclamado, sin embargo, en la praxis queda demostrado que son tal cual salidos de la factoría de la época adeco-copeyana del punto fijo, con los aires de la rancia oligarquía que oprimió a Venezuela hasta la llegada de la revolución chavista. En la red circula una foto donde se muestra al frustrado autoproclamado liderando 3 botes-en el suyo hay personas de piel blanca y en las otras dos a cierta distancia gente ajena a su alcurnia, en buen venezolano «patas en el suelo». Puede que sea editada la fotografía, pero en el subconsciente colectivo de la oposición queda evidenciando en el resultado de la imagen de lo racista y lo socialmente discriminador del antichavismo pro estadounidense.

Sobre esto escribe el activista de izquierda italiano Giuliano Granato:

«Sin embargo, alguien en Washington también tendrá que haberle dicho mil veces: «No puedes hacer eso, no puedes rodearte solo de personas blancas. Para entonces, los chavistas tienen un juego fácil de decir de que siempre eres de la vieja oposición, la increíblemente racista y clasista, la que en 2017 y no en la década de 1950 quemó vivo a Orlando Figuera solo porque era negro. Los negros, los mestizos y los indios los dejas entrar en la puta foto que tomas, ¡vamos!»

Pero él es un «simple opositor de la la vieja escuela; Él ve a los negros y no los pone en su bote.

No, deja permitir a otros, que están tan cerca de él, pero aún a una distancia segura. ¡Dios no quiera que mezcle esa enfermedad fea que es la pobreza! Lo mantienen en su ADN, ¿no?»

Nada, Guaidó simplemente no puede hacerlo. Esta foto es la demostración plástica del racismo de la oposición venezolana para la cual los negros y los indios son y seguirán siendo sirvientes. Las conquistas del chavismo son un golpe al frente para esta oligarquía blanca, no solo en términos materiales. Chávez también cuestionó el poder simbólico, la suya fue una revolución que trastornó el orden «natural» de las cosas: los hombres blancos ricos a la orden, los negros pobres a obedecer.

Y para Guaidó y su familia, esta reversión de la orden aún hoy, 21 años después de la primera victoria electoral de Chávez, es algo inaceptable».

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