Las constantes evasivas y su inocultable ambición de gobernar en solitario sin la hegemonía requerida, arrastraron al líder de la socialdemocracia española, Pedro Sánchez, a su frustrada reelección como presidente de este país europeo.

En opinión de numerosos analistas, el secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se convirtió en el principal culpable del fracaso de su investidura, el 25 de julio último.

Ese día, el Congreso de los Diputados volvió a negar su candidatura a la presidencia del Gobierno al no conseguir la mayoría simple establecida para poder ser investido.

El aspirante a renovar mandato en el gubernamental Palacio de la Moncloa obtuvo 124 votos a favor, la misma cantidad de apoyos recibidos en la primera ronda celebrada 48 horas antes, cuando entonces precisaba mayoría absoluta (176 sufragios).

Un total de 155 diputados, de los 346 presentes en el Parlamento, votaron en contra, mientras otros 67 se abstuvieron, la mayor parte procedentes del grupo parlamentario de izquierda Unidas Podemos (UP), considerado por los socialistas como su ‘socio preferente’.

En la segunda votación del día 25, el mandatario saliente, vencedor en las elecciones generales del pasado 28 de abril, pero sin los escaños suficientes para gobernar en solitario, apenas necesitaba más votos a favor que en contra (mayoría simple) para permanecer en el poder.

Tal y como se anticipaba, tras naufragar la negociación entre el PSOE y UP para cerrar el que hubiera sido el primer Ejecutivo de coalición en la historia de España, Sánchez sólo logró el sostén de sus 123 legisladores y uno del Partido Regionalista de Cantabria.

Los partidos Popular (PP, conservadores), Ciudadanos (Cs, liberales) y Vox (ultraderecha) se decantaron por impugnar la candidatura del socialdemócrata, quien tendrá hasta finales de septiembre para decidir si se presenta o no a un nuevo intento.

Con la abstención de sus 42 diputados, la formación izquierdista presidida por Pablo Iglesias dejó una vez más la puerta abierta para seguir negociando de cara a apoyar la continuidad de Sánchez, pero la desconfianza entre ambos dirigentes no presagia un acuerdo.

Aunque accedió a compartir el poder con UP -alianza entre Izquierda Unida, Podemos y sus confluencias territoriales- el líder socialista hizo una oferta que no complació a su potencial acompañante en La Moncloa.

La ambigüedad del gobernante en funciones sobre su real disposición a formar un Gobierno de coalición generó duros reproches de Iglesias, también secretario del partido antiausteridad Podemos.

El acuerdo se resistió ante la cuestión de qué peso tendría el grupo parlamentario en esa hipotética administración junto al PSOE.

Iglesias emplazó a Sánchez a respetar a los 3,7 millones de votantes de su organización y que no les propongan ‘ser un mero decorado en su Gobierno porque eso no lo podemos aceptar. Solo le pedimos respeto y reciprocidad’, advirtió.

Sánchez tiene aún hasta el 23 de septiembre para intentar ser investido.

Si en esa fecha persistiera el bloqueo, se convocarían automáticamente nuevos comicios legislativos el 10 de noviembre, que serían los cuartos en cuatro años.

A su favor cuenta que las tres formaciones de la derecha en la Cámara Baja (PP, Cs y Vox) no pueden por sí solas obtener la mayoría.

SÁNCHEZ NUNCA QUISO UN PACTO CON LA IZQUIERDA

El secretario de Acción Política de la agrupación antiausteridad Podemos, Pablo Echenique, aseguró que el Partido Socialista nunca quiso negociar de manera seria una coalición de gobierno con el grupo confederal.

A su juicio, ‘los viejos partidos dinásticos’ como el PSOE y el PP, acostumbrados durante 40 años a administrar el poder con sus propias fuerzas y a ‘tener gobiernos de ordeno y mando’, deberán aprender la cultura de la coalición.

La época del bipartidismo ya pasó en España, enfatizó Echenique en alusión a la alternancia en el poder de socialdemócratas y conservadores tras la muerte del dictador Francisco Franco, en 1975, y la ulterior restauración de la democracia en este país europeo.

Opinó que el PSOE y su líder debieron haberse sentado a pactar un Ejecutivo conjunto inmediatamente después de los comicios del 28 de abril, y no 48 horas antes del inicio de la moción de confianza de Sánchez en la Cámara Baja, como sucedió al final.

Durante los 82 días transcurridos tras las legislativas se pusieron múltiples pretextos hasta precipitar la fallida investidura de Sánchez como presidente del Gobierno, subrayó el dirigente de Unidas Podemos.

Los hechos y no el relato demuestran que el PSOE no quería ese acuerdo con Unidas Podemos y buscaba ‘una coartada’ para poder negociar ahora la abstención del PP y de Cs, con el fin de lograr su pretensión de una administración monocolor, denunció.

Su plan era ir a agosto o septiembre para seguir presionando a conservadores y liberales para que hagan presidente a Sánchez ‘a cambio de nada’, aseveró Echenique, quien tuvo a su cargo la efímera negociación de UP con los socialistas para intentar cerrar un pacto.

Les reprochó que después de quedarse sin excusas para sentarse a negociar, con la renuncia de Iglesias a formar parte de ese Ejecutivo conjunto, las conversaciones no hayan estado a la altura del momento.

Esa es la hoja de ruta de los socialdemócratas, afirmó el político izquierdista, aunque señaló que todavía hay tiempo para que rectifiquen y reinicien las tratativas en el seno del bloque progresista.

‘El Gobierno de coalición está rechazado por Unidas Podemos, y rechazado queda’, afirmó la vicepresidenta del Ejecutivo en funciones, Carmen Calvo, en un intento por responsabilizar al grupo parlamentario del fiasco de Sánchez.

‘No hay vía en esa dirección, intentamos en serio el Gobierno de coalición y UP le cerró el paso’, remarcó la también jefa del equipo negociador del PSOE en las conversaciones que pretendían llegar a un pacto para compartir el poder por primera vez en este país europeo.

Después de que el Parlamento denegó concederle la confianza, el propio Sánchez expresó que es momento de ‘volver al punto de inicio’ y ‘explorar otros caminos’ si resulta necesario.

De esa manera, el mandatario español no descartó la búsqueda de acuerdos también con conservadores o liberales.

Horas antes de que comenzaran las fugaces negociaciones, Julio Anguita, uno de los referentes de la izquierda española durante décadas, vaticinó con precisión cirujana que Unidas Podemos no lograría pactar con el PSOE una administración compartida.

Entrevistado por el canal de televisión internacional RT, el otrora máximo líder del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida subrayó que la Unión Europea (UE) y los poderes económicos y fácticos harían prácticamente imposible esa alianza.

‘En España no hay una cultura de pactos como la hay en toda Europa y admitir en un Consejo de Ministros a otra fuerza política, cosa que es normal en toda Europa, aquí se ve con reticencia’, enfatizó.

Si en Europa se forman gobiernos de coalición, esto implica ministros de las fuerzas que se coaligan, porque de otra manera no tendría sentido, defendió.

A juicio de Anguita, la izquierda española no se ha librado de un mito, de una ficción: hablar de la unidad de ese espectro ideológico integrando en el mismo a la socialdemocracia.

‘El error de la izquierda es considerar que se puede ir con el PSOE a una alianza estratégica, con el actual PSOE que -según su criterio- sigue siendo el mismo que dejó Felipe González’, jefe del Ejecutivo de España entre 1982 y 1996.

Con los socialistas se puede llegar a un pacto puntual en un ayuntamiento, en torno a un programa, pero pensar en una política de cambio total de las condiciones económicas, sociales e internacionales con ellos es un error y ese error se sigue pagando, sentenció el histórico dirigente.

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