La IV Transformación que ejecuta el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador encara de manera directa la esencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) porque va contra el neoliberalismo, sustento teórico y práctico de ese organismo multilateral controlado por Estados Unidos.

El FMI bajó recientemente sus proyecciones de crecimiento en 0,9 por ciento su perspectiva para México en este año, aunque no es el primero que lo hace, pues las tres principales firmas calificadoras de riesgo: la Standard & Poor’s, Moody’s, y Fitch Ratings, han reducido también las suyas.

Es como si se hubieran concertado para que los inversionistas pierdan confianza cuando el plan de desarrollo nacional de México requiere más capital que nunca a fin de poder ejecutar sus grandes proyectos de los cuales dependerá la concreción de los nueve programas sociales que son pilares de la IV Transformación.

Tanto el FMI como las calificadoras apuestan a que el gobierno de AMLO, como se le dice popularmente, no logre estabilizar un crecimiento económico cercano al 4,0 por ciento en 2024, el último año de su mandato. Aseguran que eso es un imposible.

El mandatario cree todo lo contrario. Piensa que superado este primer año en el que admite un bajo crecimiento, las condiciones están creadas para un repunte sostenido de la economía que conduzca a ese nivel de incremento.

Su argumento más fuerte es que una vez eliminadas la corrupción y la impunidad, ya sin un gobierno neoliberal que las genere y encubra, los rendimientos de las inversiones no sufrirán mermas y no se alterarán los valores de la inversión. No habrá argumentos, al menos desde el punto de vista financiero, para justificar atrasos ni sobrecostos.

Objetivos y obras que son la columna vertebral del plan de desarrollo nacional, como la rehabilitación de Pemex, los trenes Maya y Transístmico, las zonas libres fronterizas, el plan energético para la generación de electricidad, entre otros, se pueden terminar o tener un notable avance desde mediados del sexenio hasta el final del mandato, según López Obrador.

Liberarse del neoliberalismo -hasta ahora por decreto- significa para López Obrador romper con antiguas asociaciones políticas para hacer grandes reducciones del gasto público y de impuestos, disminuir la intervención del Estado en la sociedad y en una economía en favor del sector privado.

Es, sobre todo, romper con un modelo mental con fundamento en ideologías y experiencias asociadas a la derecha o ultraderecha dentro de un conservadurismo atroz que muchas veces recuerda al feudalismo o al fascismo.

Alejado de políticas macroeconómicas con estrategias monetarias y fiscales restrictivas para aumentar tasas de interés o impuestos sobre el consumo mientras se reducen los aplicados a la producción y los beneficios empresariales, AMLO proclama su rechazo a la privatización y a la desregularización del comercio y las inversiones que benefician al rico y perjudican al pobre.

Ese rechazo tajante a las fórmulas neoliberales llevó a López Obrador a proclamar en la plaza pública que ‘el FMI no decidirá más sobre la agenda de México, eso se acabó ya’, y cuestionar su autoridad moral para opinar sobre las expectativas de crecimiento económico en el país.

Sin embargo, después de esas declaraciones Alejandro Werner, director del Fondo para el hemisferio oriente, anunció que una delegación viajará a México para hacer un análisis del impacto del Plan de Negocios de Petróleos Mexicanos en el programa de finanzas públicas del país.

Esto justo cuando hace solo unos días el FMI dio a conocer sus Perspectivas de Crecimiento Mundial, donde se advierte que México sólo crecerá 0.9 por ciento para este 2019.

Werner resumió en una publicación del FMI que en el caso de México ‘el crecimiento se desaceleró debido a una subejecución del presupuesto, huelgas de trabajadores y escasez de combustible’, sin hacer mención a los fracasos y daños que provocaron a ese sector los 36 años de vigencia del neoliberalismo.

En cuanto a las demagógicas preocupaciones acerca de la salud financiera y las perspectivas de Pemex, los hechos están demostrando que el gobierno de López Obrador marcha por el camino correcto y las reformas estructurales que lleva a cabo en la empresa más productiva del Estado, apuntan sin lugar a dudas a recuperar la capacidad de producción y llegar en el plazo establecido a la autosuficiencia.

Como dijo López Obrador, los conservadores apuestan al fracaso del plan nacional de desarrollo y con él a todo el andamiaje económico y social de la IV Transformación, la cual prioriza al pobre y al Estado sobre el capital privado, aunque ni de lejos le cierra las puertas a este, sino todo lo contrario.

Esto ha quedado demostrado en dos hechos trascendentes de los últimos tiempos. El primero de ellos un compromiso establecido por 24 bancos para invertir cerca de 30 mil millones de dólares en el plan nacional de desarrollo, lo cual desmiente las proyecciones de las calificadoras de un descenso marcado en el nivel de confianza del sector financiero hacia el gobierno.

Otro más reciente: la conclusión con todo éxito del proceso de licitación de la nueva refinería de petróleo de Dos Bocas cuya construcción a un costo superior a los ocho mil millones de dólares comenzará en agosto, marcándose así el punto de arrancada para el aumento de la producción de gasolinas, diésel y otros combustibles y lograr la autosuficiencia dentro de cuatro años.

Un hecho más: la buena decisión de empresas extranjeras -y también nacionales- de participar en el programa de 20 nuevos pozos en tierra y aguas someras que ya comenzó, y la disposición de otras más de intervenir en la perforación en aguas profundas que también están contempladas en los planes de Pemex.

Como dijo López Obrador, organismos como el FMI deberían pedir disculpas a los mexicanos por impulsar una política económica que apostó por las privatizaciones y el libre mercado, y derivó en una crisis de desigualdad social sin precedentes.

Este enfrentamiento entre la IV Transformación y el Fondo Monetario Internacional tendría un buen final si los actuales representantes del FMI cumplieran esa sugerencia del presidente de México.

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