El nuevo alto el fuego en el Gran Idlib es «una prueba de las intenciones de Turquía», dijo el representante de Siria en las conversaciones de Astana, Bashar Jaafari, durante una conferencia de prensa en la capital kazaja, Nur-Sultan, el 2 de agosto, advirtiendo que la paciencia de Damasco tiene límites.

El diplomático sirio pasó a acusar a Ankara de violar el acuerdo anterior y a revelar el número de fuerzas turcas desplegadas en Siria.

«El régimen turco desplegó dentro del territorio sirio 10.655 militares, incluidos oficiales, suboficiales y soldados. Envió a territorio sirio 166 tanques de batalla, 278 vehículos blindados, 18 lanzacohetes, 173 morteros, 73 vehículos armados con ametralladoras pesadas y 41 lanzadores de misiles anti-tanque en una clara violación del acuerdo de Astana, que permite el establecimiento de 12 puestos de observación de la policía turca con no más de 280 policías», dijo Jaafari, según la Agencia de Noticias Árabe Siria (SANA).

Jaafari también señaló que Ankara había nombrado un gobernador turco para la región de Afrin, poblada por los kurdos de Siria, así como para las ciudades sirias del norte de A’zaz, Jarabulus y Marea.

Damasco había anunciado un alto el fuego condicional en el Gran Idlib un día antes. Los terroristas de Hay’at Tahrir al-Sham (HTS) y sus aliados aceptaron el alto el fuego. Sin embargo, ignoraron la parte que decía que deberían retirarse de la zona desmilitarizada de 20 km alrededor de Idlib.

Las duras declaraciones de Jaafar contra Turquía indican que Damasco tiene poca o ninguna confianza en Ankara, que había violado varios acuerdos alcanzados dentro del marco del proceso de Astana.

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