Estados Unidos avivó esta semana las tensiones que mantiene con Rusia mediante la imposición de nuevas sanciones y su retirada formal del Tratado de Armas Nucleares de mediano y corto alcance (INF).

La administración de Donald Trump volvió a referirse al supuesto ataque químico contra el exagente ruso Serguei Skripal y su hija Julia, del cual Washington se empeña en acusar a Moscú sin presentar pruebas, al anunciar ayer la aplicación de nuevos castigos contra la nación euroasiática.

Bajo esta ronda de sanciones, que siguen a las adoptadas por el mismo motivo en agosto de 2018, Estados Unidos se opone a extender ‘cualquier préstamo o asistencia financiera o técnica a ese país por parte de instituciones financieras internacionales’, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Además, el ejecutivo norteamericano prohíbe que los bancos estadounidenses participen en el mercado primario de la deuda soberana rusa, no denominada en rublos, o presten fondos no denominados en rublos al Gobierno de ese territorio.

Según el comunicado del Departamento de Estado, los castigos comprenden, asimismo, la adición de restricciones a las licencias de exportación de bienes y tecnología controladas por el Departamento de Comercio.

Esta semana el diputado ruso Leonid Slutsky advirtió que Occidente estaba retomando temas como el de Skripal para justificar nuevas sanciones, lo cual es resultado de lo que llamó una histeria antirrusa en territorio norteamericano y en el Reino Unido, donde se informó que ocurrió el ataque contra el exagente en marzo de 2018.

Londres acusó a Moscú de estar detrás del envenenamiento sin presentar ninguna prueba y solo bajo el argumento de que el país euroasiático era el más probable organizador de ese acto, una imputación sostenida también por Estados Unidos, que tampoco ofrece ninguna evidencia.

En declaraciones al sitio digital de la televisora rusa RT, el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Ryabkov, consideró que las nuevas sanciones no tienen nada que ver con los lazos bilaterales o el asunto de Skripal.

Según consideró, esos movimientos realmente provienen de la intensificación de la campaña presidencial de cara a los comicios norteamericanos de 2020. ‘Todo lo que hace Estados Unidos en relación con Rusia debería ponerse en el contexto de la creciente campaña en el periodo previo a las elecciones’, sostuvo.

Añadió que su país se ha adaptado desde hace mucho tiempo a las sanciones de Estados Unidos e, incluso, logró que partes de su economía, incluida la agricultura, fueran más efectivas debido a eso.

Con el fin de minimizar aún más el efecto negativo de las restricciones, Moscú ‘se está alejando del sistema financiero estadounidense y del dólar como medio de pago universal número uno en el mundo’, añadió.

Los nuevos castigos fueron adoptados bajo la Ley de control de armas químicas y biológicas y eliminación de la guerra de 1991, al decir que Rusia usó contra Skripal un agente nervioso.

Ante el empleo de esa normativa, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, recordó que en virtud de la Convención sobre las Armas Químicas, Moscú hace tiempo que eliminó todas las reservas de ese armamento y los inspectores internacionales pudieron convencerse de ello.

Otro tema que añade leña al fuego de las tensiones bilaterales es que este viernes se concretó la salida de Washington del INF, y al mismo tiempo, medios estadounidenses reportaron que el Pentágono se prepara para probar un nuevo misil de crucero no nuclear.

El Departamento de Estado recordó en un comunicado que el pasado 2 de febrero este país proporcionó su notificación de retirada para en un plazo de seis meses abandonar el tratado, con el argumento de continuas violaciones del mecanismo por parte de Rusia.

Moscú niega las acusaciones y ha mencionado pruebas de cómo Estados Unidos infringió el pacto con acciones que incluyen el uso de misiles señuelo, drones pesados de asalto y los sistemas de defensa antimisiles Aegis Ashore, cuyas rampas, afirma Rusia, pueden ser fácilmente adaptadas para lanzar cohetes alados Tomahawk.

La televisora CNN citó ayer a un funcionario estadounidense que le comunicó que tras la salida del INF, Departamento de Defensa evaluará en las próximas semanas el nuevo misil de crucero, que estaría desarrollado específicamente para desafiar a Moscú en Europa.

A decir de la cadena, los analistas temen que esa prueba estadounidense marcará el inicio de una nueva carrera armamentista con la nación euroasiática.

Desde marzo pasado CNN había reportado que el Pentágono estaba dando pasos para desarrollar nuevos misiles que habrían sido incompatibles con las obligaciones del tratado.

En una declaración difundida anoche, el secretario general de la ONU, António Guterres, manifestó que acoge con profundo pesar la finalización del INF, y pidió a Rusia y Estados Unidos emprender nuevas negociacio

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