Pakistán ha sido testigo de protestas casi diarias después de que India terminó el estado autónomo de la disputada región de Jammu y Cachemira el martes. La medida, que viola las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el derecho a la autodeterminación de los cachemires, ha indignado a la gente en Pakistán.

El viernes, miles de manifestantes desafiaron las duras condiciones climáticas en Islamabad para organizar otra manifestación para condenar la medida de la India. La protesta llegó a tiempo con acciones similares en todo el país.

La disputada región de Jammu y Cachemira se convirtió en la prisión al aire libre más grande del mundo después de que India desplegó cerca de 900,000 tropas militares y paramilitares para hacer cumplir el estricto toque de queda para obligar a 14 millones de personas a permanecer en el interior sin conexión a Internet o cualquier otro enlace de comunicación con el mundo exterior. Cualquiera que viole el toque de queda sería asesinado a tiros por las fuerzas de seguridad.

La indignación pública en Pakistán se ha reflejado en la respuesta de Islamabad a la decisión de Nueva Delhi sobre Cachemira. El gobierno pakistaní ha suspendido los lazos culturales y comerciales con India y ha expulsado al embajador indio.

En medio de las tensiones, un ministro federal paquistaní incluso llamó a la guerra con India para decidir el destino de Cachemira, que tanto Pakistán como India reclaman en su totalidad.

El viernes, el ejército de Pakistán también advirtió a India que cualquier desventura en Cachemira se tomará represalias con una respuesta aún más fuerte que la del 27 de febrero, cuando Pakistán derribó dos intrusos aviones de combate indios. Las Naciones Unidas han pedido moderación en ambos lados de la frontera.

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