Han pasado 46 años del asesinato del cantautor chileno Víctor Jara y no todos los culpables han sido llamados a responder (Pedro Barrientos, autor material del homicidio contra el cantante vive en EE.UU. y aunque fue hallado culpable con una condena de compensar económicamente a la viuda e hijas de Víctor Jara, todavía no se ha resuelto el camino de  su extradición para ser juzgado en Chile) por el crimen contra no solo contra una figura prominente del mundo artístico latinoamericano y chileno, sino también por ser el hombre que apoyo incondicionalmente un proceso de cambio de la «Vía Chilena al Socialismo» impulsado por el gobierno de la Unidad Popular y llevó en si una causa política que fue el motivo para acabar con su vida-la de ser Comunista.

Cuatro días en el campo de concentración en que fue convertido el Estadio Chile, el otrora lugar en que Víctor Jara fue premiado con el primer lugar de la primera versión del Festival de la Nueva Canción Chilena y sometido a torturas e interrogatorios por el «vencedor y jamás vencido» Ejército de Chile un día después del golpe de estado, el primer día de una de las dictaduras más oprobiosas y criminales que tuvo Chile y América Latina.

Junto al cantautor y miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile estuvieron trabajadores, estudiantes, pobladores, profesionales y compañeros de otros partidos de izquierda que ya siendo arrestados por los militares, abarrotaron el gimnasio techado del recinto deportivo ubicado en el corazón de la capital del país, Santiago.

Víctor Jara fue asesinado en forma cobarde y fría por sus verdugos-un tiro en la cabeza mientras él estaba contra la pared y rematado en el suelo con 40 balazos en distintas partes de su torturado cuerpo. Los militares no satisfechos de haberlo asesinado, junto a otros ejecutados como Littré Quiroga, lo suben a un camión y fue arrojado en el muro norponiente del Cementerio Metropolitano, colindante con las poblaciones, como la Población Santa Olga, cerca de él, en el sur de la capital, en la Comuna de la Cisterna (Hoy Lo Espejo).

En la madrugada del 16 de septiembre del año 1973, los habitantes de la mencionada población anteriormente encontraron 5 cadáveres enfilados cerca de la línea férrea, colindante con el Cementerio Metropolitano. Entre los que pudieron reconocer fue al cantautor Víctor Jara y al Director General del Servicio Nacional de Prisiones, Littré Quiroga Carvajal. Fue gracias a los pobladores que se pudo evacuar los cadáveres y que en la morgue un joven Héctor Herrera pudiera reconocerlo, dar aviso a su viuda Joan Jara para ir a reconocerlo y sepultarlo y evitar a que fuera parte de los muchos Detenidos Desaparecidos que dejó la dictadura militar chilena que duró 17 años.

La memoria de Víctor Jara sigue vigente en el mundo-desde Rusia, EE.UU., Japón, Reino Unido, Francia, Donbass, etc, entre la juventud chilena y latinoamericana, pero en especial entre los pobladores que en forma clandestina en la época de la dictadura mantenían vivo su legado y por supuesto los cantores populares que en los medios de transporte público arriesgando más que el pellejo cantaron sus canciones para crear un subconsciente que hizo germinar, ya acabada la dictadura, la vida del cantautor.

A pesar de todos los homenajes y reconocimientos, falta aún más por hacer a quien en vida en lo cultural, artístico, social y político se entregó por entero por la causa del socialismo y mediante esta por la libertad e independencia de su Patria y que nació del seno de su pueblo.

¡Memoria Eterna a Víctor Jara!

Isaac Márquez para News Front

Etiquetas: ; ; ; ; ;