Por Néstor Francia

Después de que el 23 de agosto pasado se reunieran algunas personalidades políticas, intelectuales, artísticas y académicas, y aprobaran una declaración referida a lo que los participantes llamaron el “Diálogo plural”, escribí sobre mi apoyo a esta iniciativa, aunque no estuve de acuerdo con todos los términos de dicha declaración. Al fin y al cabo de eso se trata cualquier diálogo fructífero: el logro de acuerdos mínimos entre gente que no tiene acuerdos máximos.

En mi artículo sobre el tema publicado en Aporrea.org el 28 de agosto (“Diálogo plural y el Otro Diálogo”) asenté, refiriéndome a aquella reunión, que “estoy de acuerdo con su esencia e intención, contenidas en varios segmentos del texto y señaladamente en los dos párrafos finales: ‘Expresamos igualmente nuestro categórico rechazo a cualquier forma de violencia, injerencia o imposición foránea. Hacemos un llamado a las partes para que dialoguen con el firme compromiso de alcanzar acuerdos que aseguren por la vía pacífica, constitucional, electoral y democrática, las transformaciones necesarias para garantizar la gobernabilidad (…) La solución no vendrá de otros. Está a nuestro alcance, si verdaderamente la queremos, si actuamos con humildad republicana y si tenemos por norte el supremo interés del país y no la prevalencia de otros intereses’ ¿Acaso no es esto lo que proclaman todos, no con toda la credibilidad que merecería asunto tan serio? También me referí en aquel artículo a una propuesta que había hecho unas semanas antes a un grupo de asesores del PSUV que manejaban, entre otros, el tema de la comunicación para la paz. Mi propuesta se ve ahora básicamente realizada en el correcto nuevo diálogo abierto por nuestro Gobierno con sectores de oposición que se han venido pronunciando en términos parecidos a los expresados por los factores del “Diálogo plural”.

Recordaba en el artículo citado ideas plasmadas en mi propuesta: “La propuesta de Otro Diálogo apunta a propiciar una apertura del abanico político nacional que promueva la imagen de estabilidad, distensión, paz y unión nacional (…) El Otro Dialogo ayudaría también a combatir la matriz internacional de “dictadura” que promueven el imperialismo y la derecha (…)1) Se convocaría a factores partidistas y organizados en movimientos de oposición o no involucrados directamente en la gestión de Gobierno, además del PSUV, con la única condición de que se hayan pronunciado públicamente en contra de la intervención extranjera y del ejercicio de la violencia; 2) Algunos de estos factores serían: el MAS, Redes, PCV, UPV, Somos Venezuela, Plataforma por el Referéndum Consultivo, Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, Soluciones por Venezuela (Claudio Fermín), Concertación por el Cambio (Henry Falcón), Esperanza por el Cambio (Javier Bertucci); 3) La agenda debería ser abierta, aunque a lo interno del diálogo se trataría de conformar acuerdos en torno a la inviolabilidad del territorio de la Patria, a la necesidad de privilegiar las vías pacíficas y constitucionales para dirimir las diferencias políticas, a la oposición a la promoción del odio, al fomento de la tolerancia y de la paz (…) Se convocaría a garantes internacionales, como por ejemplo la oficina local de la Comisión de DDHH de la ONU recientemente acordada con la Comisionada Michelle Bachelet (…) Este diálogo promovería además la beligerancia política de factores opositores distintos a la derecha extremista y pro imperialista, conformándose así nuevas referencias que despolaricen el escenario político”.

Como puede verse, no todos los factores que yo imaginaba participaron en el inicio del otro diálogo, pero es claro que la mesa está abierta a otros sectores políticos y sociales que quieran incorporarse, y ojalá que lo hagan, liberándose de los chantajes tanto de la derecha apátrida como de los extremistas y sectarios de toda laya. Por otro lado, la Comisión de Bachelet parece haber sido descalificada por ella misma como testigo o garante, sin embargo es positivo que la declaración inicial del otro diálogo se haya dado ante el cuerpo diplomático acreditado en el país.

Por supuesto, este otro diálogo tendrá enemigos. Ya el pelmazo de Juan Guaidó se ha manifestado en ese sentido, y ha calificado de “irresponsable” el acuerdo firmado en la Casa Amarilla. ¡Qué tupé, el protegido de los Rastrojos hablando de irresponsabilidad, él, quien dijo que los muertos de una guerra serían una “inversión”! Ante esta inteligente movida del Gobierno y de opositores nacionalistas, el pelmazo ha decidido publicar la supuesta “propuesta” que sus secuaces llevaron a Barbados, y que no es sino una pretensión de que el Gobierno acepte su programa fallido de “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” ¿Alguien le puede informar a este imbécil que no está en posición de exigirle capitulación a nadie? ¿Se habrá enterado el pobre diablo de que no ha sufrido sino derrotas desde que el 23 de febrero, cuando se tuvo que meter su “ayuda humanitaria” por Dios salve la parte? ¿Se percató de que de su sabotaje eléctrico muy pocos se acuerdan? ¿Se habrá dado cuenta de que su mamarrachada del 30 de abril terminó con su triste y demencial socio Leopoldo López refugiado en una embajada y un puñado de militares traidores poniendo pies en polvorosa? Venezuela debe seguir adelante con el otro diálogo, porque estos tipejos vendepatrias están rodando por un abismo insondable del cual no los salva nadie, ni siquiera sus mentores imperiales, que terminarán tan defraudados como los opositores de a pie que ya ni se acercan a sus convocatorias.

Finalmente propongo que este otro diálogo sea dotado comunicacionalmente de la gran importancia que tiene y que se convierta en un factor político de verdadera y extendida elevancia en nuestro país. Ojalá que la obcecación política que a veces nos afecta no acabe con este logro de los que queremos sinceramente lo mejor para nuestro país. Como dice el presidente Maduro, nuestra victoria es y será siempre la paz.

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