Por Orlando Oramas León

En lo que va de año el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba incrementó su saña, priorizó blancos y se acompañó de toda una batería de mentiras y difamaciones contra la isla.

Así lo evidencia la cronología de acciones, medidas y declaraciones del presidente Donald Trump, de altos funcionarios de su administración y de senadores y otros cargos estadounidenses.

Como el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, quien el 2 de mayo aseguró que Cuba mantiene 20 mil soldados en Venezuela e interviene en los asunto internos de la nación sudamericana.

Era la falacia de confundir a sabiendas militares con médicos, y la antesala de una escalada en el cerco económico, financiero y comercial contra la pequeña y vecina isla.

Un día después la Casa Blanca anunciaba la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, con lo que iniciaban en Cortes de Estados Unidos reclamaciones contra empresas cubanas y de terceros países por ‘traficar’ con propiedades estadounidenses nacionalizadas en los inicios de la Revolución.

La intención manifiesta era enterrar la espada extraterritorial del bloqueo en la economía cubana y desalentar la necesaria inversión extranjera.

No es casual que varias cadenas hoteleras internacionales asentadas en Cuba fueron notificadas judicialmente por tribunales de Estados Unidos en un empeño por atentar contra la industria turística de la mayor de las Antillas, llamada a ser motor impulsor de su economía.

El 14 de mayo los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez propusieron una legislación para desconocer marcas de Cuba en Estados Unidos; otro intento despojo.

Junio traía más. El 5 de ese mes el Departamento del Tesoro anunció la prohibición de viajes culturales y educativos de contacto con el pueblo cubano. Se fueron así los nexos ‘people to people’ (de pueblo a pueblo).

También quedaron proscritos los viajes de cruceros, yates y aviones privados y otras operaciones relacionadas con remesas, banca, negocios de comercio y telecomunicaciones.

Baste decir que en este año Cuba esperaba un millón de cruceristas. La prohibición afecta desde junio a miles de trabajadores cubanos del sector no estatal, léase restauranteros, artesanos, hospederos, transportistas, entre otras ocupaciones.

El 6 de septiembre el Departamento del Tesoro modificó el Reglamento de Control de Activos de Cuba.

‘A través de estas enmiendas regulatorias, el Tesoro está negando el acceso de Cuba a las divisas y estamos frenando el mal comportamiento del Gobierno cubano mientras continuamos apoyando al pueblo de Cuba que tanto sufre’, afirmó el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

En la práctica resultó otro apretón de tuercas a los cerrojos del cerco, al limitar las remesas que envían los cubanos residentes en la nación norteña a sus familiares en la isla.

Las enmiendas complican más las operaciones financieras cubanas al imponer restricciones a las transferencias de fondo a través de bancos estadounidenses, incluso las que no se originan ni tienen como destino a ese mercado.

Afectan también a aquellas en las que ni el emisor ni el receptor están sujetos a la jurisdicción de aquel país.

Y en otra faceta del bloqueo, ni el propio presidente Trump esconde los propósitos declarados de cortar los suministros de combustibles a Cuba.

La persecución a navieras, empresas aseguradoras y otras vinculadas con la transportación de energéticos al país caribeño provocaron en septiembre desabastecimiento de combustible.

Ello decidió que el gobierno cubano implementara un plan coyuntural para evitar mayores impactos en la población, la víctima y blanco principales del bloqueo estadounidense.

Etiquetas: ; ; ;