Que la economía mundial se debilita, está más frágil y atraviesa momentos tormentosos, son consideraciones de expertos casi unánimes.

A doce años del inicio de la última crisis financiera internacional, aun perduran en el imaginario los tensos momentos ocasionados por la debacle inmobiliaria y los bancos en quiebra.

La economía internacional tiene una menor capacidad de recuperarse ante algún evento adverso en comparación con el nivel que exhibiera en 2007, advirtió recientemente un análisis de la reaseguradora suiza Swiss Re.

De acuerdo con el estudio de Resiliencia Macroeconómica desarrollado conjuntamente por Swiss Re Institute y London School of Economics, las condiciones actuales no son tan resistentes ahora como hace doce años, momento en el que se inició la crisis financiera mundial.

La tesis, que recabó cifras desde 2007 hasta 2018 de 31 países que representan el 75 por ciento del Producto Interno Bruto mundial, mostró que el 80 por ciento de las naciones investigadas posee una menor fortaleza para hacer frente a sucesos económicos desfavorables.

Así, los principales factores determinantes de esta tendencia han sido el agotamiento de las opciones de política monetaria en numerosas economías desarrolladas y un entorno operativo lleno de desafíos para el sector bancario, aun cuando las entidades financieras se han hecho más fuertes desde la crisis, argumentó el análisis.

La política monetaria excesivamente acomodaticia de los últimos años deja un reducido margen de maniobra a los bancos centrales de cara al futuro e incrementa su dependencia de los mercados financieros.

Esto, unido a un insuficiente avance de las reformas estructurales, conduciría a recesiones aún más prolongadas en el futuro, añadió.

El pasado 18 de septiembre, la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos recortó en 0,25 por ciento su tasa de interés, su segunda rebaja consecutiva a los tipos después del de julio, que fue igualmente de un cuarto de punto.

Durante la conferencia de prensa para divulgar la noticia, el Presidente de la FED, Jerome Powell, explicó que este recorte responde al cambio en el escenario mundial de crecimiento a partir del desarrollo de eventos como la tensión comercial.

Menos de dos meses antes, el mismo funcionario sostuvo que recortar los tipos era un paso que debía ‘actuar como seguro contra los riesgos de un crecimiento global débil y la incertidumbre en las políticas comerciales, ayudar a compensar los efectos que estos factores están teniendo sobre la economía, y promover un retorno más rápido de la inflación al objetivo del dos por ciento’.

Sin llegar a exhibir tasas negativas, se sumó entonces la FED (que ahora mantiene los tipos entre 1,75 a dos por ciento) a la tendencia de un recorte que, desde hace varios años, eligen economías robustas como las del bloque europeo y Japón.

Mientras el Banco Central Europeo situó las tasas de depósito al -0,5 por ciento, su homólogo nipón mantiene una tasa de interés de referencia a corto y medio plazo del -0,1 por ciento.

Este último, según un comunicado reciente, planea mantener su actual política de tipos negativos ‘al menos hasta la primavera de 2020, teniendo en cuenta las incertidumbres sobre la actividad económica y los precios, incluidos la evolución de las economías extranjeras y los efectos de la subida del impuesto sobre el valor agregado’.

De acuerdo con analistas, los países optan por bajar las tasas para estimular el crecimiento económico, haciendo que para la gente y las empresas sea más atractivo gastar e invertir antes que ahorrar.

Son, asimismo, herramientas de las que se hace uso cuando una economía se está desacelerando y el banco central quiere que haya más dinero circulante.

Pero, tomando en cuenta que todos los excesos son malos, preocupa a expertos que una permanencia prolongada de tasas de interés muy bajas deja un espacio reducido de maniobra en caso de una recesión.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) lo dijo sin ambages: la economía mundial se dirige hacia aguas turbulentas, con la recesión en 2020 como un peligro claro y presente.

Hablar de manipulación de divisas resulta exagerado, pero si la historia es una guía, la amenaza subyacente augura serios problemas para el sistema monetario, alertó Unctad.

A juicio del reporte, las medidas monetarias no convencionales (tasas de interés negativas, por ejemplo), siguen siendo las políticas de referencia para abordar la debilidad en la economía global.

Por ello, la Unctad apeló a un replanteamiento de los procederes tradicionales y abogó por un Nuevo Acuerdo Verde Global, respaldado por un enfoque diferente de los pactos monetarios internacionales destinados a promover el comercio productivo y controlar las finanzas.

El informe proyecta que el crecimiento global caerá al 2,3 por ciento en 2019, en comparación con el tres por ciento en 2018 y asegura que algunos países avanzados como Alemania y Reino Unido están peligrosamente cerca de una recesión, mientras que otras economías emergentes ya enfrentan problemas.

No obstante los crecientes desafíos, el estudio advirtió de que existen pocas señales de que los responsables políticos estén preparados para la tormenta que se avecina.

Así, la Unctad realizó un llamado a impulsar el empleo, los salarios y la inversión pública para reemplazar la obsesión de los políticos con los precios de las acciones, las ganancias trimestrales y la confianza de los inversores.

La desaceleración del crecimiento en todas las principales economías desarrolladas, y también en Estados Unidos, confirma que depender de una política monetaria fácil y del aumento de los precios de los activos para estimular la demanda produce un crecimiento efímero, mientras que los recortes de impuestos para las corporaciones y las personas adineradas no provocan inversiones productivas, sentenció el análisis.

La mayor preocupación, estableció la Unctad, es que 10 años después de la crisis, la economía mundial sigue siendo excesivamente frágil.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 2019 tendrá el crecimiento mundial ‘más débil desde la crisis financiera’ de 2008, cuando se situó en 2,9 por ciento antes de caer con una recesión del 0,5 por ciento al año siguiente.

Las tensiones comerciales y políticas alimentan los peligros de un débil crecimiento durante más tiempo, consideró el organismo.

El Banco Mundial, por su parte, hizo otro tanto cuando advirtió que la ralentización global es evidente. Su presidente, David Malpass, enfatizó en junio pasado que se rebajaron las perspectivas económicas globales para 2019 a un crecimiento real del 2,6 por ciento.

El escaso ritmo de crecimiento en la inversión, combinado con el bajo incremento, eleva la probabilidad de que la pobreza aumente en muchos países, señaló entonces.

La directora gerente saliente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, advirtió recientemente que el crecimiento global es frágil y está amenazado por vulnerabilidades, como el proceso de la salida del Reino Unido de la Unión Europea o las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.

Ante una expansión de la economía global bastante mediocre, según estimó el FMI, el organismo hizo un llamado a los líderes del mundo a dialogar para resolver las diferencias. Lagarde exhortó a los responsables de las políticas a trabajar juntos para intentar resolver la fragilidad y resolver la incertidumbre.

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