El gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) de Bolivia apostó nuevamente al binomio del presidente Evo Morales, y el vicepresidente Álvaro García Linera, para consolidar el futuro seguro del país en las próximas elecciones generales.

Morales, quien lidera la nación andino amazónica de forma ininterrumpida desde 2006, proviene de una familia humilde de ascendencia indígena, comenzó su carrera en el sindicalismo cocalero en la década de los años 80 y fue en varias ocasiones fue detenido y víctima de la represión.

Posteriormente, como diputado del MAS a partir de 1997 trazó una política que hasta la actualidad ha impulsado las principales transformaciones económicas y sociales en un país que estaba abrumado por deudas, hiperinflación, privatizaciones de empresas públicas, altos índices de analfabetismo y extrema pobreza.

Con su triunfo electoral en 2005 con el 53,74 por ciento de los votos se convirtió en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia y, con la Constitución de 2009, plasmó principios como el de un Estado Plurinacional, el respeto a la diversidad étnica y a las minorías, la soberanía sobre los recursos naturales y una explotación de la tierra más equitativa y justa.

Asimismo, estableció un Modelo Económico Social Comunitario Productivo que prioriza la inversión pública y dinamiza el mercado interno, principales factores de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que, al cierre de 2018, creció un 4,8 por ciento, mientras que el de Latinoamérica fue del 2,5 por ciento.

Morales ganó cuatro años después con el 64,22 por ciento y en 2014 obtendría un apoyo del 61,43 por ciento.

La reducción de la extrema pobreza, las desigualdades sociales, la nacionalización de los recursos naturales y de las empresas estratégicas han caracterizado los tres mandatos del jefe de Estado boliviano, así como la redistribución de las riquezas que actualmente sustentan los bonos sociales y las rentas para beneficio de los sectores más vulnerables.

Como compañero de fórmula política, el vicepresidente Álvaro García Linera, cuenta con una trayectoria también basada en la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y de las clases obreras, y se autodefine como ‘marxista clásico’.

Sus estudios de matemática lo llevaron a México en 1981 donde forjó su pensamiento revolucionario gracias al influjo de las guerrillas indígenas campesinas de El Salvador, Guatemala y por el movimiento nicaragüense.

Al regresar a Bolivia en 1985 comenzó a visitar comunidades indígenas y centros mineros, oportunidad donde conoce al entonces dirigente cocalero Evo Morales, y posteriormente formó parte de la fundación del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), cuyo objetivo era apoyar la insurgencia indígena.

Por sus actividades sufrió prisión en 1992 y cinco años después liberado y se mantuvo activo como defensor de los movimientos sociales.

En 2005, Evo Morales lo invitó a presentarse junto a él como candidato a la Vicepresidencia, en las elecciones generales de diciembre.

‘Asumí la responsabilidad por defecto. Desde la adolescencia me imaginaba como un subversivo más, o sea pelear y morirme en la lucha por un gobierno indígena, que soñé desde mis 18 años. Ser ante todo uno de los ladrillos para construir esa sublevación’, declaró García Linera.

El 18 de diciembre de ese año fue proclamado el primer gobierno indígena de Bolivia y 13 años después, apuesta por un programa denominado Agenda del Bicentenario que busca consolidar los logros alcanzados.

El binomio Evo Morales- Álvaro García Linera es la propuesta electoral del oficialismo, que lidera las intenciones de voto con vista a los comicios del 20 de octubre próximo, donde los movimientos campesinos, indígenas, obreros y otros sectores por años marginados durante el neoliberalismo buscan asegurar con sus votos un futuro seguro para las nuevas generaciones.

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