Cristina el pueblo te necesita’, le gritaban varios argentinos en las calles mientras aún siguen los múltiples procesamientos en contra de la mayor figura de la oposición que hoy camina a las urnas como candidata a vicepresidenta.

Cuando muchos esperaban que se lanzara al ruedo otra vez tras un tercer mandato, Cristina Fernández, la mujer que dirigió los destinos de este país durante ocho años (2008-2015), sorprendió a todos cuando anunció ella misma que acompañaría a su otrora jefe de Gabinete Alberto Fernández, pero en el papel de vice.

Líder política de América Latina, su posible regreso a la Casa Rosada, esta vez acompañando a Fernández, es la noticia desde hace meses en un país con una marcada grieta, donde su nombre es noticia a diario en los medios de prensa.

Fue un sábado, precisamente un 18 de mayo, cuando anunció en las redes sociales la decisión de acompañar a Fernández tras señalar que sentía que este es el binomio que ‘mejor expresa lo que en este momento Argentina necesita para convocar a los más amplios sectores políticos y sociales’.

Entonces, como lo ha hecho siempre, manifestó su deber patriótico de volver a las urnas ante el panorama de la Argentina actual aun cuando, dijo, ocupar cargos políticos nunca fue su principal motivación, pero ‘las expectativas y la ambición personal tienen que estar subordinadas al interés general’.

Mientras la catarata de procesamientos que parecen imparables siguen de la mano del juez Claudio Bonadío, Cristina desafía a todos cual estratega política porque sabe, dice, que la necesitan, porque son tiempo de dejar de lado las diferencias y apostar por la unidad.

Está consciente que el camino será azaroso de ganar el 27 de octubre, y será un reto dirigir una Argentina en su situación actual.

‘Se va a tratar de gobernar una Argentina otra vez en ruinas, con un pueblo otra vez empobrecido. Está claro, entonces, que la coalición que gobierne deberá ser mucho más amplia que la que haya ganado las elecciones. Ya es hora de hacerlo realidad de una vez y por todas’, dijo en mayo pasado.

Han sido momentos muy duros desde que dejó la presidencia en 2015. Además de ocupar portadas por constantes causas abiertas en su contra, viene de sufrir golpes familiares, con su hija -internada en Cuba desde marzo pasado por un cuadro de estrés postraumático- y también la muerte de su madre, hace cinco meses.

Alrededor de 13 procesamientos y seis pedidos de prisiones preventivas, un juicio oral abierto y la insistencia del juez para que en el Senado le quite sus fueros parlamentarios. La exmandataria no se amedrenta, consciente de su rol para muchos seguidores del kirchnerismo, esa fuerza política representada en su fallecido esposo, el expresidente Néstor Kirchner y en ella.

Desde su vuelta como senadora en 2017, no ha parado un instante. Se le ha visto dar encendidos discursos en la cámara Alta y ha sido muy clara al señalar que, si creen que con jueces como Bonadío o con los desafueros se va a arrepentir, no lo hará.

‘En todo caso me arrepiento de no haber sido lo suficientemente inteligente para persuadir de que lo que estábamos haciendo había mejorado la vida de millones de argentinos’, dijo en una ocasión y así ha hecho, llamando constantemente a la unidad dentro de las diferencias para al lado de Alberto Fernández poner a Argentina de pie.

Tras insistir una y otra vez en la necesidad de un contrato social de ciudadanía responsable, en estos meses de campaña ha recorrido el país de la mano de su libro Sinceramente, con actos multitudinarios, en los que ha puesto la llaga en el dedo sobre el gobierno de Mauricio Macri.

‘Los argentinos debemos mirar lo que nos pasó, lo que nos está pasando y a partir de ahí poder construir una mirada que no quiere decir pensar igual, pero sí llegar a acuerdos sobre cosas que nos permitan volver a pensar un país con futuro y para nuestros hijos’, señaló en fecha reciente.

Analistas consideran que su vuelta en el papel de vice será clave, por su trayectoria política y por su rol en varios frentes, sobre todo en lo que tiene que ver con las relaciones exteriores.

Como lo hizo en su gestión, Cristina, al lado de Alberto, apuesta por devolverle la esperanza a los argentinos, por ‘un país diferente, más solidario, donde importe lo que le pasa al otro’, y señala que la gente necesita recuperar la esperanza de saber que puede haber un tiempo mejor.

La viuda del fallecido expresidente Néstor Kirchner subraya que no se imagina cuatro años más con políticas como las que impulsa el mandatario Mauricio Macri y manda constantes mensajes de unidad porque, dice, ‘ya nos dimos cuenta que cuando nos peleamos entre nosotros nos devoran los de afuera’.

La estratega política, la mujer, la madre, la del compromiso y militancia a prueba de todo, camina a las urnas hoy desde el Frente de todos, el brazo político que acumuló más votos en las primarias de agosto, convencida que se puede construir una Argentina perdurable y viable.

‘Todos tenemos que saber el lugar que tenemos que ocupar allí para ayudar a cambiar esto y que no sea el péndulo permanente. Intentemos en serio tener un proyecto de país que sea perdurable’, señala la exmandataria, quien a lado de su otrora jefe de Gabinete espera poner de pie a Argentina.

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