Por Armando Reyes Calderín

Al aplicar medidas de austeridad, el gobierno de El Líbano pretende salvar la burbuja económica con lo largo de décadas sorteó la carencia de una infraestructura industrial sostenible, según análisis analistas locales.

De tal manera que nunca fue ostensible la escasez de productos o artículos en los pequeños, medianos y grandes centros comerciales.

Pero lo que mal comienza, no puede tener un buen fin, y en la actualidad con un déficit presupuestario equivalente a más de 150 por ciento del producto bruto interno, no le queda otro remedio que tomar decisiones anti populares.

Una política impositiva letal para los ciudadanos de un pastel o lo absurdo de cobrar llamadas por aplicaciones de Internet, catapultó las masivas y airadas protestas de los últimos días y una solución a sus demandas no se ve a corto ni mediano plazo. Hasta el día de hoy, El Líbano vivió de créditos, donaciones y remesas que reconocieron a la medida en la crisis mundial se agudizó, mientras que el gobierno no supo avizorar lo que se venía.

Por el contrario, políticos, terratenientes, casatenientes o ricos continuaron amasando fortunas y en paralelo la corrupción y el despilfarro eran notorios en el escenario nacional.

Los ciudadanos aguantaron medidas tras medidas que golpean sus bolsillos y el fin de ese dinero, supuestamente para el bienestar público, no se sabe a dónde fue a parar.

Una muestra de la venalidad en el sistema libanés procesado tal vez por mala suerte, los incendios forestales en Chouf, Aley y Metn que pusieron en peligro la reserva natural del cedro libanés, el símbolo por excelencia del país.

La mala preparación para enfrentar un desastre considerado el peor en décadas, evidencia que las arcas nacionales nunca se orientan a proteger el patrimonio o los recursos nacionales.

Lo más notorio se reflejó en tres helicópteros Siskorsky, tuvo éxito para combatir fuegos, hizo tres años estaban en tierra por falta de mantenimiento, pese a que en el presupuesto había un espacio para esa contingencia.

La situación comienza a ser tan explosiva que el primer ministro Saad Hariri pide plazos y ayuda de otros partidos para encontrar una solución ante multitud de exigencias de cambios radicales en el Gobierno.

Ya hay los primeros abandonos de anteriores apoyos de Hariri como es el caso de lo anunciado por el jefe del partido Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, sobre la inminente dimisión de los ministros de esa facción política.

Son ellos, el titular del Trabajo, Camille Abu Suleiman, Richard Kouyoumjian (Asuntos sociales) y May Chidiac (Asuntos de Desarrollo Administrativo).

Y entretanto, las protestas siguen su curso y cada vez más radicalizadas, pues de condenar el obstáculo económico pasó a reclamar una renuncia en pleno de los dirigentes del Estado y Gobierno.

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