La crisis del covid amenaza con ‘sacar a la luz’ la verdadera historia económica del euro

El proyecto europeo ha traído innumerables beneficios para los países que se han ido adhiriendo. Es más, aunque son muchos sus defectos, en términos agregados Europa ha salido ganando sin duda. Países que otrora parecían condenados a enfrentarse cada cierto tiempo ahora comparten normas y son socios comerciales ‘inseparables’. Sin embargo, todo lo anterior no puede tapar uno de los grandes ‘fracasos’: una ausencia de convergencia económica que el covid-19 amenaza con llevar a niveles máximos desde la creación del euro.

 

La crisis del covid amenaza con 'sacar a la luz' la verdadera historia económica del euro

 

Aunque la falta de convergencia viene de lejos, cuando la marea es alta (la economía crece) son pocos los que se fijan en lo que hay debajo del agua: la distancia que separa a unas economías de otras. Todo lo contrario ocurre cuando las crisis golpean al área monetaria como en 2008-2012 y como está sucediendo ahora. Hasta la fecha, el euro ha sido más una historia de divergencia que de convergencia, una tendencia que el covid-19 está intensificando y llevando a niveles preocupantes para la zona euro.

Analizando los datos de renta per cápita en paridad de poder adquisitivo (eliminado la distorsión que generan los diferentes niveles de precios), se puede ver que solo hubo cierta convergencia durante el periodo expansivo 1999-2007, con países como España y Grecia recortando terreno a las naciones más ricas del euro. Sin embargo, esta fue una convergencia artificial, basada en una burbuja crediticia y de deuda, impulsada por unos tipos de interés reales que llegaron a ser incluso negativos en los países del sur de Europa. Esta convergencia no se produjo por una mayor productividad por hora trabajada en los países del sur, que era lo esperado o lo teóricamente esperado.

 

 

Los desequilibrios fueron surgiendo, pero la marea de crédito y crecimiento del PIB (basado en deuda y en un mayor uso (que no mejor) de los factores de producción) lo tapaba todo. La deuda contraída por los países del sur se usó en gran parte para invertir en sectores poco productivos o directamente en vivienda, generando una burbuja de precios que a su vez creaba un efecto riqueza (nos creíamos ricos) que llevaba a las familias a consumir aún más y agravar los problemas ‘macro’ de estas economías del sur.

Llegó la crisis financiera global de 2007 y 2008 y la marea bajó de golpe, dejando a la luz los desequilibrios (balanza por corriente, costes laborales, baja productividad…) y la falta de convergencia real. El PIB per cápita (un proxy de la renta anual a la que toca cada persona) de los países del sur perdió todo el terreno ganando desde 1999 en unos pocos años. Desde entonces, la convergencia se ha estancado en el mejor de los casos.

Un trabajo publicado por el propio Banco Central Europeo en 2017 dejaba algunas declaraciones esclarecedoras. «Es sorprendente que haya habido tan poca convergencia entre los primeros países que adoptaron el euro, a pesar de sus fuertes diferencias iniciales en el PIB per cápita», asegura el documento.

«Al contrario que las expectativas iniciales que sostenían que la creación del euro actuaría como catalizador para una convergencia real más rápida, se ha producido poca convergencia, si es que ha habido alguna, durante todo el período 1999-2016», sostiene.

«Mirando el periodo al completo (1999-2016), hay falta de convergencia real entre los países que adoptaron el euro al principio, en 18 años los países con bajos ingresos no han reducido la brecha, por ejemplo España (aunque de forma muy leve), mientras que para otros incluso se ha incrementado, como es el caso de Grecia», reconocía el informe.

Otro trabajo publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2018 llegaba a la misma conclusión: «Examinamos la convergencia económica entre los países de la zona del euro en múltiples dimensiones. Aunque hubo una convergencia nominal de la inflación y los tipos de interés, no se ha producido una convergencia real de los niveles de renta per cápita entre los miembros originales de la zona del euro desde la llegada de la moneda común. La convergencia de la renta se estancó en los primeros años de la moneda común y se revirtió a raíz de la crisis económica mundial de 2008», sentencia el informe.

 

Sin embargo, los últimos años de crecimiento en la zona euro, pese a ser decepcionantes, han vuelto a dejar en el baúl de los recuerdos la falta de convergencia. Mientras que la economía crece y se crea empleo, las diferencias dentro de la unión monetaria parecen más llevaderas. Sin embargo, la crisis del covid-19 amenaza con sacar a la luz de nuevo la creciente brecha entre norte y sur, una brecha que podría alcanzar máximos desde que nació la moneda única.

Lo peor estaría por llegar

Según las previsiones de la Comisión Europea, las recesiones económica más profundas estarán concentradas en el sur de Europa en 2020: España (-12,4%), Italia (-9,9%), Francia (-9,4%), Portugal (-9,3%) y Grecia (-9%). Por el contrario, países como Alemania, Holanda, Finlandia o Luxemburgo padecerán recesiones del 5%, mientras que otros países intermedios como Bélgica o Austria registrarán caídas de entre el 7 y el 8% del PIB.

El FMI advierte en su última revisión de la economía de la zona euro que «después de la Gran Recesión, las disparidades entre países y regiones dentro del mismo país han aumentado considerablemente, principalmente debido a las divergencias en las tasas de empleo y la productividad, revirtiendo las tendencias a la baja anteriores. Es probable que estos patrones se vean amplificados por la crisis actual, ya que la pandemia y las medidas de cierre están afectando de manera desproporcionada a los trabajadores de los sectores muy afectados, que es más probable que sean jóvenes y carezcan de las reservas de liquidez necesarias para capear la crisis. Además, es probable que aumente aún más la brecha de ingresos que enfrentan las regiones más pobres, que ya se enfrentan a desafíos estructurales sobresalientes, dada su mayor proporción de empleos que no se pueden hacer teletrabajando», advierte el documento.

«Compartimos la preocupación de que el covid-19 esté aumentando el riesgo de que se agraven las divergencias económicas a medio plazo entre los países de la zona del euro. Varios factores pueden impulsar estas divergencias, entre ellos: la intensidad y duración del choque covid-19; el tamaño relativo y la importancia económica de los sectores intensivos en contacto (por ejemplo, turismo, viajes de negocios y hotelería); y las diferencias en el espacio fiscal disponible de cada país. Estas diferencias pueden afectar la confianza, las inversiones y las perspectivas de crecimiento, así como las disparidades regionales», alertaba el último informe del FMI sobre la revisión de la economía de la zona euro.

Las autoridades coinciden en que la crisis del covid-19 corre el riesgo de tener efectos negativos permanentes sobre el crecimiento potencial y el diferente impacto podría traducirse en un menor crecimiento de la productividad laboral y los ingresos, y una mayor desigualdad. Por ello desde el FMI apuntan a los fondos europeos como una buena herramienta para reducir el impacto negativo sobre la convergencia que está teniendo el covid-19.

Desde CaixaBank Research, autores del primer gráfico, explican que el instrumento Next Generation EU (NGEU) busca entre otras cosas reducir la divergencia entre países. Los economistas del banco catalán señalan que además de apoyar a la recuperación de las economías, el objetivo es que el NGEU comporte un aumento considerable y generalizado de la inversión pública, que ha sido débil en la eurozona en los últimos 10 años, especialmente en los países con una deuda pública más elevada (algo que ha contribuido a la divergencia económica entre países después de la crisis de 2008).

«Gracias al NGEU, los países con menos espacio fiscal serán de los que recibirán una mayor cantidad de fondos europeos para invertir en proyectos de inversión y de reformas nacionales», explican desde CaixaBank Research en un documento análito.

Una unión monetaria, si quiere aprovechar todas las sinergias y ser duradera en el tiempo, debe tender hacia la convergencia económica real de sus miembros. «Una mayor convergencia de los niveles de renta es importante para compartir los beneficios de la unión monetaria con todos los ciudadanos europeos. Una mayor convergencia de los ciclos macroeconómicos puede ayudar, permitiendo que las políticas macroeconómicas estén más cerca de ser óptimas durante una mayor parte del tiempo. Para ello, debe revertirse la reciente divergencia de las tasas de crecimiento de la productividad. Las políticas estructurales mejoradas en los países rezagados pueden ayudar, pero también serían importantes las inversiones para mejorar la inversión de capital, la educación y formación de los trabajadores y la investigación y el desarrollo», sentencia el FMI.

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